Una pulsera de oro de hace 3,000 años revela el conocimiento de los metales en la Edad de Bronce

Una pulsera de oro de hace 3,000 años revela el conocimiento de los metales en la Edad de Bronce

Parecía un pedazo de papel aluminio enterrado en un campo de Gales. En realidad, era una pieza de oro fabricada hace unos 3,000 años. El hallazgo no solo sorprende por su antigüedad: también abre una ventana al conocimiento que las sociedades de la Edad de Bronce tenían sobre los minerales y los metales.

Idris Thomas llevaba apenas unos 20 minutos recorriendo con un detector de metales un terreno agrícola en Llanuwchllyn, al norte de Gales, cuando el aparato emitió una señal.

Al principio pensó que había encontrado un simple trozo de basura metálica. Pero al remover la tierra apareció un destello amarillo. Era una pulsera de oro de finales de la Edad de Bronce, con aproximadamente 3,000 años de antigüedad.

El objeto fue analizado por especialistas del Museo Nacional de Gales (Amgueddfa Cymru), quienes determinaron que contiene 92.8 % de oro. La pieza ya fue declarada oficialmente un tesoro y se encuentra en proceso de estudio y valoración.

Pero quizá la pregunta más interesante todavía no tiene respuesta:

¿De dónde salió ese oro?

Mucho antes de las minas modernas

Hoy conocemos el oro como un elemento químico, el Au de la tabla periódica. Hace 3,000 años nadie conocía los átomos ni podía explicar científicamente por qué este metal tenía determinadas propiedades. Sin embargo, las personas ya habían aprendido a reconocerlo, obtenerlo y transformarlo.

El oro tiene características que lo hicieron especialmente atractivo desde la antigüedad: es brillante, no se oxida fácilmente y, sobre todo, es extraordinariamente maleable. Puede ser martillado, deformado y trabajado sin romperse con facilidad.

Eso permitió que distintas sociedades desarrollaran objetos cada vez más sofisticados.

La pulsera encontrada en Gales pertenece precisamente a una época en la que la metalurgia ya había transformado profundamente la vida humana. La llamada Edad de Bronce recibe su nombre del dominio de una tecnología fundamental: combinar principalmente cobre y estaño para producir bronce, un material más duro que el cobre por sí solo.

En Gran Bretaña, el trabajo del cobre y el oro se extendió desde aproximadamente el tercer milenio antes de nuestra era, mientras que el bronce comenzó a generalizarse alrededor del 2200 a. C. Las materias primas no siempre se encontraban en el mismo lugar: cobre, estaño y oro circulaban entre distintas regiones, creando redes de intercambio que conectaban territorios lejanos.

El oro también puede contar de dónde viene

Que la pulsera contenga 92.8 % de oro no significa necesariamente que sus fabricantes buscaran alcanzar una “pureza” comparable con los estándares actuales.

El oro que aparece en la naturaleza rara vez está completamente solo. Puede encontrarse asociado con otros elementos, especialmente plata y cobre. Por ello, analizar la composición química de un objeto antiguo puede proporcionar pistas sobre la materia prima utilizada para fabricarlo.

Los investigadores esperan ahora estudiar con mayor detalle la pulsera de Llanuwchllyn para tratar de determinar el origen del metal.

Y existen buenos motivos para hacerlo.

Otros objetos de oro de la Edad de Bronce encontrados en Gales presentan diferentes proporciones de oro, plata y cobre. Una pulsera conservada por Museum Wales, por ejemplo, contiene alrededor de 80 % de oro y su composición es similar a la de otros artefactos galeses de la misma época. En otras piezas, la proporción de plata ha servido incluso para plantear la posibilidad de que el metal procediera de fuentes locales de Gales y no de Irlanda.

En otras palabras, la composición de un objeto metálico puede funcionar como una especie de pista geológica.

Una historia de minería, tecnología e intercambio

La pulsera tampoco es un objeto aislado.

En Gales se han descubierto otros brazaletes, fragmentos y depósitos de oro de la Edad de Bronce. Algunos muestran técnicas de manufactura sorprendentemente complejas: láminas martilladas, alambres de oro torcidos, sistemas de cierre y piezas elaboradas con varios componentes. Museum Wales señala incluso que Gales estuvo en el centro de una tradición de trabajo del oro en la Europa atlántica durante la Edad de Bronce media.

Todo esto habla de sociedades que conocían bien los materiales disponibles en su entorno y que habían desarrollado técnicas para aprovecharlos.

También existían redes de intercambio. El British Museum señala que durante la Edad de Bronce temprana se obtenían cobre y oro tanto de Irlanda como de Gales y que, con el paso de los siglos, aumentó la importancia de metales procedentes de Europa continental.

Un objeto tan pequeño como una pulsera puede ser, por tanto, la última pieza visible de una cadena mucho más grande: un depósito mineral tuvo que ser localizado; el metal, recuperado y procesado; después fue trabajado por alguien con conocimientos especializados y finalmente llegó a manos de la persona que lo utilizó.

El valor del oro antes del dinero

Los especialistas consideran que la pulsera recién encontrada pudo pertenecer a un hombre o una mujer de alto estatus dentro de una comunidad agrícola de la época.

Su valor actual se ha estimado preliminarmente entre 15,000 y 20,000 libras esterlinas, aunque todavía no existe una valoración oficial. Su importancia científica y cultural, sin embargo, difícilmente puede expresarse solamente en dinero.

El oro ha llamado la atención de las sociedades humanas durante miles de años no solo por su escasez, sino por una combinación extraordinaria de propiedades físicas y químicas. Su brillo permanece, puede trabajarse con relativa facilidad y resiste notablemente bien el paso del tiempo.

Esta pulsera es una prueba de ello.

Después de aproximadamente tres milenios bajo tierra, el mismo metal que alguna vez llamó la atención de un artesano de la Edad de Bronce volvió a brillar frente a otra persona.

Y ahora, gracias a las herramientas de la ciencia moderna, ese pequeño objeto puede ayudarnos a reconstruir una historia mucho mayor: de dónde obtenían sus minerales aquellas sociedades, cómo aprendieron a transformarlos y hasta dónde podían viajar los metales miles de años antes de la minería moderna.